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Pilares de una transición generacional

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Las transiciones generacionales suelen ser momentos de evolución y cambio. Desde el punto de vista de quien escribe, me parece conveniente verlo como un momento de crisis. En ocasiones vemos una crisis como algo que debe ser evitado a toda costa. Es interesante cuando se reflexiona sobre el significado de esta palabra. Primero encontramos que la palabra deriva del verbo en griego antiguo “krinein”, cuyo significado es juzgar para tomar una decisión y cuyo sustantivo “krisis”, significa juicio, decisión. Según Steven James Venette “crisis es un proceso de transformación en el que no se puede mantener el sistema antiguo”. Las crisis son situaciones que nos suponen un riesgo o una pérdida. Entonces, ante esa crisis la mejor actitud es enfrentarla, decidir qué hacer y tratar de superarla con todas nuestras capacidades y fuerzas. En el fondo, son oportunidades de mejora y renovación.

En las maravillosas oportunidades que he tenido de platicar con empresarios y sus familias, me impresiona constatar como muchas de las empresas familiares que hoy admiramos se fundaron en momentos de “crisis”. Empresarios que asumieron riesgos e incertidumbre aumentados por un entorno de inestabilidad. ¿Será que el resto de las personas y empresas optaron por “resguardarse” ante la tormenta, mientras unos pocos “locos” se aventuraron a navegar en un mar tempestuoso? Hay una frase que me gusta mencionar: “Ningún mar en calma hizo experto a un marinero”.

La fundación de una empresa requiere vencer muchos obstáculos. Si se logra el éxito, vendrán etapas de crecimiento y consolidación, alcanzados mediante mucho trabajo. Pero al paso del tiempo llegará otro momento de crisis. No es algo que venga “de afuera”, es más bien algo que surge del interior mismo de la familia y la empresa.

Una transición generacional siempre implica cambios, requiere de transformaciones, se presenta una crisis. Esos cambios son profundos y suelen ser complejos. Hace pocos días tuve la oportunidad de constatarlo. La partida de un fundador implica un cambio en el poder de la empresa, por el hecho de que la propiedad de la empresa cambia de manos. El patrimonio del fundador también se reparte. Esto implica una transformación radical en las relaciones entre la familia y al interior de la empresa.

Se suele recomendar, ante esta situación, que la familia “se ponga de acuerdo” y lo ponga por escrito, para poder funcionar de manera adecuada. El tema es que dichos acuerdos se dan a un nivel “racional”. Pero la transición generacional no solo implica una herencia material. Hay una suerte de herencia emocional, que brota inexorablemente en esos momentos. En ocasiones -y no son pocas- la intervención del fundador modera o bloquea el desbordamiento de las emociones: “Ya me dijo papá que así es”; “Basta, no quiero escuchar más quejas, se hace lo que diga y ya”; “Consulté con papá y por eso lo hice así. Si no te parece quéjate con él” y muchas frases más en este sentido.

Cuando esa intermediación no existe, por la muerte del fundador, los hermanos deben ahora enfrentar todo tipo de emociones: enojo, tristeza, coraje, resentimiento, humillación, rechazo y un sin número de situaciones que remueve a la persona en su interior. Sin duda también hay otro tipo de emociones presentes: agradecimiento, alegría, esperanza, comprensión, apoyo y otro largo etcétera.

Las transiciones generacionales demandan saber manejar esas emociones. De acuerdo con mi colega y amigo, el Dr. Ernesto Bolio y Arciniega necesitamos crear un ambiente emocional sano para ayudarnos a manejar las emociones, en donde cada persona pueda lidiar mejor con sus propias situaciones. Un ambiente sano se crea cuando se vive el aprecio, que se traduce en valorar y agradecer lo que otros hacen. Es un primer paso para también ser valorados. Un ambiente que ayude a la creación de una sana autoestima en cada persona. Esto implica dará a cada persona un trato digno, de mucho respeto, evitando agresiones, insultos o criticas denigrantes y destructivas. Poder reconocer a cada persona por sus aportaciones. Implica también informar, involucrar y dar a cada miembro de la familia su lugar al tomar decisiones. Finalmente, implica incluir a todos y hacerles sentir bienvenidos y que pertenecen a la familia. En el fondo implica saber dar cariño, aprecio y amor a los demás.

Sin duda, son procesos largos y complejos por los que una familia debe transitar durante una crisis, producto de una transición generacional, pero fundamental saberlo manejar para superar los retos se presentan.

Artículo original publicado en la edición Marzo-Abril 2024 de la Revista Estratega.

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Ricardo Aparicio Castillo

Ricardo Aparicio Castillo

Profesor titular de las áreas de Empresa-Familia y Factor Humano. Director del CIFEM | BBVA

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