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Propietarios y Directivos de Empresas Familiares ante Entornos Complicados

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El inicio de un año es siempre un momento que motiva a la reflexión, con ánimo de esperanza y nuevos deseos; de renovar compromisos y para recordar que nos importa y mueve a trabajar. Por supuesto que la invitación inicial es hacer un recorrido para valorar y reforzar los valores y principios que mueven a la familia y su empresa a seguir adelante.

El año 2023 se presenta con nuevos retos, en varios frentes. También al interior de la familia puede ser un buen momento para ponderar algunos aspectos, con ánimo de aprovechar las circunstancias para fortalecerse al interior y estar en mejores condiciones de enfrentar los retos externos.

Una pregunta pertinente para las empresas que son familiares es: ¿Tienen más retos que superar en las crisis comparadas con empresas que no son familiares? La respuesta es no y si. No, cuando la familia está unida y comprometida con el proyecto empresarial y desde la propiedad se apoya la continuidad de la empresa. Si, en caso contrario. Esto es, si en la familia hay problemas, las crisis se agudizan y hacen evidentes los dilemas no resueltos.

Más preguntas que resultan pertinentes plantearse y contestar en familia: ¿Cómo están enfrentando la crisis los miembros directivos de la familia, desde la empresa?, ¿Y cómo la enfrentan los accionistas familiares, que están afuera de la empresa? Ambas preguntas son relevantes y más aún comparar las respuestas. El tema es que las visiones disonantes pueden complicar el avance de la empresa y en casos extremos, su propia supervivencia. Un ejemplo concreto. Quién está en la empresa ve como los recursos financieros se reducen y hay un gran énfasis por cuidarlos. Desde afuera, se puede estar más preocupado por mantener un nivel de vida, donde los productos y servicios se van encareciendo. Esto demandará de la empresa mayores regalías o dividendos (en las distintas formas en cómo se reparten, de manera formal e informal). Esto genera tensión. O se reinvierte y cuidan los recursos o se reparten las regalías y usan los activos en beneficio de los accionistas.

El primer aspecto mencionado, nos lleva a la pregunta: ¿Qué capacidades demanda a sus directivos una empresa en crisis? En este aspecto hay una gran oportunidad y un peligro combinados. Las crisis sacan lo mejor de las personas y las obligan a actuar. Estás son oportunidades de crecimiento acelerado. El riesgo es que la crisis demande capacidades y habilidades que no están presentes, en la medida necesaria. Como se suele decir: “lo que no te mata, te hace más fuerte”. Por supuesto que nadie quiere fallar, pero la crisis deja poco margen de maniobra y pone en evidencia fortalezas, pero también debilidades. Esto puede implicar la toma de decisiones difíciles y quizá pedir a algunas personas (y familiares) que dejen la empresa, para poderla conservar. Sin duda son decisiones muy complicadas y dolorosas, pero necesarias.

El segundo aspecto nos puede llevar a otra reflexión: ¿Qué necesita la empresa de sus accionistas?, ¿Qué tipo de inversionistas hay? Es importante hacerse este planteamiento y entender si se están asumiendo roles funcionales o disfuncionales, desde la propiedad con respecto a la empresa.

Los roles funcionales tienen que ver con accionistas que pueden ser de estos tipos:

Operador: Son aquellos que trabajan en la empresa. Estas son personas que están al pendiente del día a día. Cuidan los recursos y se aseguran de que la empresa esté bien manejada y nada se desaproveche o desperdicie. Por supuesto, cuidan el dinero y los recursos de la empresa desde adentro.

Consejero o gobernador:Son aquellos que solo están involucrados en el Consejo de Administración. También cuidan a la empresa en el largo plazo. Reciben información auditada, asegurando el buen manejo de sus recursos, cuidan el futuro y autorizan los proyectos de la empresa. También tienen una importante labor de evaluar y sancionar la buena gestión de la empresa por parte de sus directivos.

Propietario Involucrado: Son accionistas que asisten a las asambleas anuales y extraordinarias donde piden información para prepararse, se preocupan por entenderla y votan de manera informada. Son personas que se interesan por el largo plazo y la continuidad de la empresa. La visitan y están al pendiente de las actividades propias de la empresa. Entienden que las empresas a veces dan y a veces piden recursos financieros.

¿Somos de estos tipos de accionistas? ¿Entendemos las implicaciones de cada rol y cómo se complementan?

Por otro lado, están los roles que podemos llamar disfuncionales y que es importante saber si están presentes:

Pasivos o rentistas: A estas personas solo les interesa y piden su dividendo mensual. No les importa la situación de la empresa, solo saben que necesitan tener dinero para mantener un nivel de vida. La empresa se debe adaptar a sus necesidades. Esto es peligroso, ya que impone a la empresa una carga que puede ponerla en riesgo de caer en la insolvencia.

Especulador: Estas son personas que tienen objetivos financieros a un muy corto plazo. Si bien no es usual encontrarlos en las empresas familiares, ya que no suelen cotizar en bolsa, puede ser que esté dispuesto a vender, sin tener claras las implicaciones de a quien se le vende.

Institucional: Está también este tipo de accionistas que pueden demandar un rendimiento irreal o mínimo por su inversión y si no se les da, pueden decir vender. Es muy similar al anterior. El primero especula con el valor de la acción, el segundo con lo que recibe. En todo caso, se pueden mezclar fácilmente.

Orgulloso: Finalmente están las personas que, siendo accionistas, no se enteran de mucho, no exigen dividendos, no participan. Se dice que son orgullos porque saben que tienen unas acciones, pero no pasan de ahí. Constituyen un riesgo por la forma en la que pueden influir, actuando sin idea clara de lo que hacen o decidiendo de manera intempestiva.

En ambos casos, las reflexiones que se generen nos pueden ayudar a corregir deficiencias, educar mejor a los accionistas y reforzar los roles funcionales. Las situaciones límite nos pueden ayudar a cambiar el enfoque de ”amenazas” a “oportunidades”, la perspectiva interna puede convertirse en aprendizaje y en evolución. ¿Cómo podemos aprovechar esta coyuntura? ¿Qué temas podemos abordar y resolver? ¿Cómo podemos reforzar la cultura empresarial y familiar? Estos son momentos para consolidar la lealtad con colaboradores, clientes y proveedores. Es una excelente oportunidad reforzar compromisos con los socios familiares.

Artículo publicado originalmente en la edición Enero-Febrero 2023 de la Revista Estratega.

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Ricardo Aparicio Castillo

Ricardo Aparicio Castillo

Profesor titular de las áreas de Empresa-Familia y Factor Humano. Director del CIFEM | BBVA

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