¿Ser propietario es lo mismo que ser dueño?

En el número previo reflexionábamos sobre las exigencias que el entorno actual imprime a las empresas y la importancia de que quienes las dirigen estén a la altura de las circunstancias, sean familiares o no. También se ponía sobre la mesa la importancia de entender el rol de los accionistas y dos posibles escenarios donde pudieran asumir roles funcionales o disfuncionales para la empresa, la propiedad y la familia. Terminábamos comentando sobre la importancia de educar a los propietarios actuales y futuros.
En septiembre del 2021 comentábamos sobre algunas de las tensiones que surgen cuando una empresa se vincula con una familia, por la propiedad que esta última tiene sobre la primera. Es una situación que se presenta en todas las familias empresarias y por tanto es uno de los aspectos fundamentales a manejar y educar.
Uno de los retos típicos de una familia empresaria se presenta cuando se confunde la propiedad con la dirección. El error básicamente consiste en pensar que un miembro de la siguiente generación será capaz de asumir roles directivos por el simple hecho de ser parte de la familia. Pensar que existe un gen especial que se hereda y que les capacita para asumir posiciones de responsabilidad. Mi colega José Antonio Dávila, Profesor de Política de Empresa en el IPADE lo expresa magistralmente: “Se puede heredar la fortuna, pero no se puede heredar la capacidad de hacer fortuna”.
Como solemos decir varios profesores en el IPADE: “A dirigir se aprende dirigiendo” y este proceso requiere, primero de una base personal: contar con madurez, capacidades y conocimientos que solo se adquieren con el tiempo y un proceso de crecimiento interno. Segundo tener experiencia que da la oportunidad de adquirir capacidades, habilidades y conocimientos. Poner esto en un párrafo es simplificarlo mucho, pero el punto es que la dirección es un arte que aprende con la práctica y la mejora personal.
Esta es una primera distinción importante para tener en cuenta antes de abordar la pregunta que motiva este artículo: ¿Ser propietario es lo mismo que ser dueño? Desde nuestro punto de vista no debe ser lo mismo. Hay algunos autores que han acuñado el término “dueñez” y hacen unos planteamientos muy interesantes, pero hay que tener cuidado de cómo se usa este término y tener claro que puede significar.
¿Por qué sería importante distinguirlo y, sobre todo, que todos sean conscientes de esto? En las familias empresarias hay dos paradigmas que se oponen y sobre los cuales se puede establecer su dinámica: el paradigma de lo “MÍO” o el paradigma de lo “NUESTRO”. Lo que es “mío” no puede pertenecer a los demás. Lo que es “nuestro” no puede ser propiedad de una persona en particular.
Cuando alguien se siente “dueño”, bajo el paradigma de “esto es mío” se puede sentir con el derecho de hacer lo que se le dé la gana. De intervenir cuando y como quiera sin importar el ámbito o momento. De disponer a su antojo y sin límites de activos, personas, patrimonio y cuanto bien considere que es “suyo”. Puede sentirse con el derecho de bien o mal usarlo.
Bajo este tipo de paradigma de “lo mío” o “porque soy dueño” es muy difícil alcanzar acuerdos y lograr funcionar como verdaderos socios. Me ha tocado verlo de manera directa y en varias ocasiones. Familias que intentan hacer su famoso protocolo, pero que al final llegan a un callejón sin salida, porque no quieren ceder privilegios, cada uno está viendo por sus intereses y se manejan por cotos de poder. Esas familias, si no logran cambiar de manera radical esa dinámica, van camino a una separación que puede ocurrir en muchas circunstancias y con desenlaces imprevistos.
En el otro extremo, comentábamos, está la opción del paradigma de “lo nuestro” y aquí es donde el concepto de propietario hace sentido. Ser buen propietario primero requiere que exista la voluntad de querer ser socios. En el siguiente número abundaremos más en este tema.
Teniendo claro ese querer, es necesario establecer iniciativas y programas de educación para la generación actual y futura sobre los que significa ser buenos propietarios. Como se mencionaba en el número anterior de esta publicación, asegurarnos de tener accionistas funcionales, pero hay que ir más allá.
Hay que tener también un proyecto común. Este tema merece un artículo para profundizar y lo haremos próximamente. A partir de un proyecto que ilusione, convoque y dónde todos quieran y puedan aportar, se va contribuyendo a iniciativas donde todos en la familia se involucren de manera positiva. Un tema fundamental es decidir cómo usar la riqueza que se va creando para beneficio y desarrollo de todos en la familia.
Voluntad de querer ser socios, un proyecto común y criterios claros de lo que ser un buen propietario significa para educarlos en todos. Les comparto algunas ideas que he aprendido al momento de abordar estos temas y que en mis clases en IPADE suelo exponer:
La propiedad de una empresa no es un derecho, es un privilegio.
El negocio depende de mí para buscar su mejor interés y eso necesita que sepa reconocer cuando soy parte del problema.
Cada día es para mí una oportunidad de hacer algo positivo en nuestro negocio.
No puedo permitir que el miedo o la inconformidad (propia y de otros) haga que evitemos enfrentar y resolver dificultades familiares y problemas en el negocio.
Para mantener nuestro negocio sano, yo debo estar bien: física, emocional y espiritualmente.
Tanto como propietario, como directivo, no abusaré de los privilegios de la propiedad y mi posición y tampoco pondré en riesgo la estabilidad y continuidad del negocio por intereses individuales, incluyendo los míos.
Invito a todas las familias empresarias a reflexionar sobre estos temas en sus foros y ámbitos de comunicación y convivencia. Lo importante es que lleguen a sus propias definiciones y criterios en común. Lo fundamental es trabajar todos de manera unida y comprometida en el bien de la empresa y de la familia.
Artículo publicado en la edición Mar-Abr 2023 de la Revista Estratega.Ricardo Aparicio Castillo
Profesor titular de las áreas de Empresa-Familia y Factor Humano. Director del CIFEM | BBVA