La dimensión económica en las empresas familiares

Las empresas familiares son un motor para las economías del mundo. El espíritu emprendedor que hay detrás de éstas, es un impulso que las mueve a crear valor agregado, generar riqueza, dar empleos e impulsar el desarrollo económico de las cadenas productivas en las que están inmersas.
La dimensión económica en toda empresa necesita ser adecuadamente administrada. Este es un aspecto clave para lograr la continuidad de la empresa a futuro y mantener la armonía familiar. Tarea que no siempre se logra y es importante tomar conciencia de las posibles causas de esto.
Uno de los aspectos fundamentales a considerar es la forma como la empresa y la familia se relacionan. En sus inicios, la empresa invade el ámbito familiar. La vida de sus miembros gira alrededor de la empresa. En los inicios, la disponibilidad de recursos para gastos como vacaciones, ampliar la casa, adquirir un auto, están muchas veces limitados por la necesidad de re-invertir las ganancias que se obtienen en la empresa. El ingreso familiar está limitado a lo que la empresa necesita.
Conforme pasa el tiempo esta incidencia se invierte. La familia es la que pasa a invadir el ámbito empresarial. Con el éxito económico, la familia dispone de recursos. Ya no hay las limitaciones previas y se pueden mejorar las condiciones materiales. Pero puede resultar que ahora es la empresa la que deba ajustarse al nivel de gasto que los miembros de la familia desarrollen y tener que dar unos recursos que ahora se demandan, independientemente de las situaciones por las que se pueda estar pasando en la empresa.
Es común observar en las empresas familiares una serie de dilemas, producto de la interacción entre el sistema empresarial y familiar que se entrelazan y pueden generar distorsiones que afecten a ambas entidades. Una de las dimensiones más usuales, donde se pueden generar tensiones es en las cuestiones monetarias, derivado en cuatro “flujos económicos elementales” (que el Dr. Carlos Llano fundador del IPADE, señalaba tiempo atrás en su libro Análisis de la Acción Directiva, en el Capítulo 15): Trabajo vs. salario; inversión vs. beneficio; venta vs. compra y préstamo vs. crédito.
La primera dimensión tiene que ver con el efecto de asignar sueldos de manera desproporcionada, en uno u otro sentido. Si se pagan salarios simbólicos, aduciendo que la empresa será “tuya” algún día. O cuando se pagan sueldos muy altos, precisamente porque se es familiar. En uno u otro sentido, se crean distorsiones que traerán consecuencias negativas. Si se sacrificó un sueldo por muchos años, se puede esperar una compensación en acciones o patrimonio al momento de una herencia y esto puede crear diferencias contra otros miembros de la familia que no hayan hecho “esos sacrificios”. Si se tienen sueldos muy altos, solo por el mérito de ser familiar, al paso del tiempo, eso generará un conflicto con otros miembros de la familia que solo pueden aspirar a tener un beneficio vía dividendos.
Lo anterior deriva en la siguiente dimensión, cuando –de acuerdo al Dr. Llano– se paga por concepto de salario lo que es en rigor un beneficio de la inversión; o remunerar como beneficio lo que es verdaderamente salario derivado del trabajo. Esto es, no se reparten dividendos en función de una rentabilidad real, sino por la necesidad que cada miembro de la familia tiene. O, en el otro sentido, se deja de pagar lo justo porque se es dueño. En este último sentido, más bien, se cae en una situación compleja, donde se está financiando un mal negocio que no es capaz de pagar salarios adecuados.
En ambas dimensiones, citando nuevamente al Dr. Llano, cuando se dirige (y cobra por dirigir) por razón de ser propietario –no por razón de ser un buen director– se ha caído en la trampa más profunda de la empresa familiar.
Las otras dos dimensiones también son importantes de considerar y pueden dar lugar a problemas en la familia y la empresa: cuando se le compra o vende a miembros de la familia en condiciones especiales. Al comprar productos que la empresa no necesita o hacerlo con un sobre costo “por ayudar” a un familiar, se está afectando la rentabilidad de la empresa y los dividendos que pudieran darse a los socios de la empresa. Lo mismo ocurre cuando se dan condiciones especiales, en forma de descuentos o plazos mayores para pagar. Esto además puede traer problemas en la red comercial, creando una competencia desleal.
Finalmente, es común ver distorsiones en el manejo del capital y los activos de la empresa. Se pueden dar préstamos a sus socios, como una especie de anticipo de dividendos, pero sin que se documenten o gestionen de manera adecuada. Se suele ver que siempre se re-invierten todas las ganancias y nunca se remunera a la inversión que se tiene, creando “hipotecas sociales”, producto de sacrificar un beneficio por mucho tiempo. El riesgo de dichas “hipotecas” se hace evidente cuando se quieren cobrar de manera acelerada. Esto puede también derivar en el otro extremo, en la descapitalización y pérdida de la empresa.
Por estas y otras razones, es muy importante separar claramente los recursos y activos de la empresa respecto a los que se tiene como familia. Tarde o temprano estas distorsiones pueden poner en riesgo la viabilidad financiera de la empresa y/o la unidad familiar. El trabajo se debe remunerar vía sueldos y prestaciones lo más cercano posible a los estándares o rangos que pagan otras empresas similares, en tamaño, giro y región. También se deben tener políticas de dividendos claras, establecidas de manera anual, en los montos que la empresa permita y en pagos con una periodicidad adecuada. Lo que se paga por el trabajo por encima de mercado, es en realidad un dividendo. Lo que se paga en exceso o se deja de pagar en términos de un rendimiento, por las inversiones que se tienen, puede ser una fuente futura de problemas: por no pagar lo que se deben, se crea una deuda moral con los dueños y si se dan dividendos por encima de lo razonable, se descapitaliza a la empresa. En todo momento es importante evaluar si se está gestionando adecuadamente este tipo de tensiones o se cae en alguna de las distorsiones antes mencionadas, lo cual se debe corregir a tiempo.
Artículo publicado originalmente en la Revista Estratega, edición Mayo-Junio 2021.
Ricardo Aparicio Castillo
Profesor titular de las áreas de Empresa-Familia y Factor Humano. Director del CIFEM | BBVA